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Mito del Carnero Dorado
Tambien conocido como el "Vellocino de Oro", lo encontramos cuando, Atamante, rey de Orcomene en Beocia, tuvo dos hijos: Learco y Melicerte con Ino. Pero estos hijos no eran con su verdadera esposa, la cual se llamaba Nefele (Diosa de las Nubes) y era repudiada por este al haber sido casado por orden de Hera o Juno. Con Nefele, Atamante tuvo dos hijos, llamados Frixo y Hele.
Al enterarse del nacimiento de estos niños, Hera castigo a Atamante con la locura, mientras que Ino quiso matar a los hijos "matrimoniales" de Nefele para que los suyos pudieran heredar el trono y las riquezas. Frixo y Hele, enterados de esto, escapan, hasta que Zeus, por intermedio de Nefele, les envía un carnero dorado, sobre el cual montaron para pasar a traves de las nubes y los mares, transportandolos a la Isla de Aea. Por cosas del destino, solo Frixo llega a destino, ya que su hermana Hele, cae al mar agotada por el viaje.
Frixo sacrifica el carnero a Zeus, y ofrecio el vellocino dorado al rey de la comarca a donde había llegado.
Aries es una constelación que goza de un prestigio histórico indiscutible, ya que está relacionado con una de las más bella leyendas míticas, o porque en ella, hace veinte siglos, el Sol aparecía anualmente desde las bajas zonas del hemisferio austral para volver a radiar y fecundar las poblaciones de las primeras civilizaciones humanas. En Aries estaba el punto equinoccial de primavera, es decir, el nodo ascendente de la eclíptica, que establecía el inicio de la primavera con las ceremonias propiciatorias el antiquísimo sacrum. Por tanto, se consideraba a Aries como la primera casa que ocupaba el Sol en su camino anual, y quizás debido a estas características suyas tan peculiares, los egipcios le consagraron el fabuloso Fénix, el legendario pájaro de alas doradas y rojas, a semejanza del astro del día, resurgía perennemente de sus propias cenizas.
Los astrólogos temían particularmente a Aries porque denotaba temperamento violento y pasional para los que habían nacido bajo su signo y, lo que era más terrible, eras mensajero de estragos y epidemias si aparecía en él algún cometa. Realmente lo que queda hoy es que ya no es prioritaria Aries como signo de las constelaciones zodiacales ya que el desplazamiento progresivo del punto equinoccial a lo largo de la eclíptica, a causa de la precesión del eje terrestre, ha supuesto que, en más de 20 siglos, los signos zodiacales se desplacen más de 30º respecto de las constelaciones correspondientes, tanto que, en nuestra época, el equinoccio de primavera ya está situado en la constelación de Piscis y por lo tanto, el Sol lo alcanza un mes antes que a Aries. Tampoco nos queda el temor reverencial que sabía inspirar en las almas simples y supersticiosas de los antiguos, ni domina una zona del cielo amplia y envidiable, ya que los límites de Aries solo cubren 440 grados cuadrados del firmamento.
La estrella más brillante de Aries, a arietis de segunda magnitud tiene como nombre a Hamal o cabeza del carnero, es una estrella gigante que resalta más dentro del desierto celeste de la zona, parece ser que muchos templos de la antigüedad estaban orientados hacia ella, especialmente los dedicados a Zeus y a su hija divina Atenea.
Existe una mitología de Aries que tiene mucho que ver con los antiguos Argonautas que partieron en busca del Vellocino de Oro. El nombre de Argonautas les viene porque viajaban en un navío llamado Argos, construido especialmente para esta misión por la diosa Minerva. La aventura termina con la muerte del héroe, producida por el golpe de una viga de madera que se desprende del barco y le rompe el cráneo. De aquí se deduce el punto débil de Aries: la cabeza.
Pero no sólo en la mitología griega aparece este signo; también en la mitología hindú, en la cual simboliza al dios creador montado sobre un carnero. Recuérdese que a Aries se le representa por un carnero.
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