La colecta del ropavejero
| Terence |
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Montado en la caravana, tumbado en un montón de harapos viejos, con el gorro tapándole la cara del Sol, el mulo estaba paciendo tranquilo. llevaba unos vaqueros con agujeros en las rodillas y una camiseta un poco sucia... La peste de los harapos compensaba su "higiene" de ese día. Se incorpó y miró a una farola. La sombra marcaba una hora en concreto. Se bajó del carro y se acercó bostezando al mulo.
-Vamos, compañero, hay que ganarse el yantar.
Se subió al asiento del conductor, por llamarlo de alguna manera, y de unos golpes con las riendas, el mulo empezó a avanzar. La calle empezaba a acabarse y empezaba el centro de la plaza, allí podría empezar a recolectar los harapos y ropas viejas de la zona. Quizás este mes la fortuna le sonreiría más, la última vez parece que la avaricia se apoderó de la ciudad y nadie tenía nada que entregar... a este paso se tendría que comer sus botas.
-Sombreeeros, maaaaantas roooopavejeeeeeeero.
Empezó a gritar una vez lleó al centro de la plaza. Poco a poco algunas amas de casa traían algunas ropas que nadie se pondría, pues había más huecos que ropa. Otras, más elegantes ellas, traían paños hermosos cuyo único defecto era un manchurrón que no había forma de quitar y que la etiqueta le impedía tenerlo. Tocaba seguir dejándose los pulmones durante un rato hasta que pasara el tiempo.
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| Samia_Abidilsamad |
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- DETENGANLA!!!!!!!!! - gritó el hombre de confianza de quien tanto odiaba. Pero la gente, como si la orden fuera la contraria se hizo a un lado dandole paso a ella y volviendose a cerrar para verla correr de modo que le cortaban la carrera al infame que la seguía. Este por su cuenta empujaba sin miramiento a todo el que se interponìa, haciendo que algunos cayeran al piso.
Samia seguìa corriendo como si la vida se le fuera en el intento. Y de hecho así era. Cuando entraron a la ciudad sabía que esta le brindaría la oportunidad de huir. No entendía porque se ensañada de esa forma con ella. Si lo entendía. A la perfeción, una vengaza contra alguien que incluso ya estaba muerto.
Llevaba varios días sin comer y por eso le faltaban las fuerzas, pero era su última oportunidad para salir de allí. Solo que el perro de caza de "el señor" casi que le respiraba en la nuca.
La calle se terminó y sabía que ahí estaría la plaza, con todas sus salidas, si llegaba hasta ella lo perdería. Pero sus gritos, sus chillidos reclamando el juguete de su amo le recordaba que nada concluye hasta que termina.
- SAMIA!!!!!!! - tonta de ella que girò en ese momento, fue solo para cersiorarse que estaba más lejos, ya estaba en la plaza, cuando volvió su vista al frente nuevamente, fue demasiado tarde, se topó con fuerza y con el impulso que traia con el ropaviejero llevándoselo con ella y también a una "dama" que entregaba un vestido, el vestido se arrastró la dama casi cae pero los otros dos terminaron el piso.
- Igual, ya no servía - dijo la mujer y se empezó a alejar. Aun aturdida por el golpe Samia se puso de pie ràpidamente, solo para enredarse con el vestido el cual sonó como si se rasgara otro poco, y cayó de nuevo con un contundente ploff.
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| Terence |
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Estaba sentado, volvió a gritar.
-Sombreeeeros, maaaantas, llega el rooopavejeeeeeero.
Venía poca gente, pero al parecer era algo general, había poco movimiento en la plaza, quizás por ser festivo. Sin embargo la cosa estaba calentándose un poco, al parecer había algo de lío. Se giró al oír los gritos y al notar que el mulo se encabritaba por el sobresalto. Pudo calmarlo un poco.
-Tranquilo compañero, no es nada, relájate.
Miró de reojo, suspirando a la situación. Algo lo tiró al suelo, se levantó rápido como pudo, la caravana por poco sale corriendo, menos mal que agarró a tiempo las riendas. Se volvió a subir al asiento de conductor, no sin antes ayudar a la dama a incorporarse y dejar el vestido en la caravana con los demás, miró a la chica que placó al grupo.
-Señorita, ¿dónde está el fuego para que corra tanto? Tardaré un rato en irme, no tenga tanta prisa en dejar lo que tenga que dejar.
Pidió disculpas a la dama, le dio la mano a la chica para que se levantara y se tumbó en su asiento esperando las nuevas entregas, sin quitarlo el ojo a la joven.
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| Samia_Abidilsamad |
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Lo miró con desconfianza. Solo fue un segundo pues sus ojos se fijaron por ensima de su propio hombro si venía quien la seguía y así era.
Tomó su mano para ponerse de pie y volvió a correr. Inmediatamente pasó junto al "mercader" un hombre vestido de negro. Más bien parecía un cazador o un mercenario. La expresión que traía presagiaba un futuro inmediato muy negro para la joven, expresión que solo empeoró con la sonrisa perversa que se dibujó en sus labios. Sin disminuir su carrera sacó un làtigo que lanzó contra ella, enredandolo en sus pies y volvió a caer al suelo. Esta vez, su sencillo vestido que alguna vez fue azul se rompió en lo que debían ser sus rodillas y estas sangraron, al igual que sus tobillos.
Dejó salir un gemido de dolor y pánico. Era el fin de su décimo intento. Apoyó las manos en el piso para levantarse pero volvió a estrellarse de cara contra las lozas. Le había puesto una de sus pesadas botas en la espalda para asegurarse que no volviera a huir. La pisaba con fuerza, pero ella no se quejó.
- Pareces un ratón, pero corres más rápido - ella no le respondió. - Querida se acabó el juego - le susurró al oido al inclinarse sobre ella, la tomó por la ropa y la "ayudó" a sentarse. Ambos respiraban agitadamente. Sujetandola de la muñeca, con la otra mano le liberó los pies y de un halón la hizo levantarse obligadola a caminar de regreso.
Al pasar por la caravana. Con una sonrisa amable sacó una bolsa de monedas que le arrojo al ropavejero.
- Gracias buen hombre por su colaboración para que no fuera más lejos, esto es por las molestias. Vamos linda, dale las gracias al señor porque puedes volver con quienes te queremos - Samia miró al caravanero a los ojos, una mirada profunda que no decía nada, así como su boca que no se abrió pero que si se frunció en una mueca de molestia cuando el hombre le apretó la muñeca esperando que obedeciera.
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| Samia_Abidilsamad |
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- Llevalo a la sala de espera de los proveedores - le dijo a Samia, quien se quedó quieta. La puso la mano en el hombro forzandola pero ella puso resistencia - no hagas un numerito delante del invitado- susurró con su voz cargada de una amenaza velada, entonces cedió y abrió la marcha dentro de la cocina del lugar.
- Por aquí- caminaba despacio, con una elegancia extraña para una esclava. Al pasar, el hombre cerró la marcha. Lo guió por pasillos estrechos, mirando de vez en cuando por encima de su hombro, pero no a él sino al hombre de negro, hasta que en una de esas sus ojos se cruzaron con los del mercader. Fue solo un instante, pero esta vez si expresaban algo, una tranquilidad extraña, la del ternero que sabe que va al matadero y no puede hacer nada al respecto.
Se detuvo frente a una puerta en la que le dio paso. La habitación tenía varias alacenas y vivires, así como una mesa en el centro con un par de sillas. Todo muy rustico, en contraste con el resto del lugar. Se hizo a un lado y se recostó contra la pared.
- tendrá que esperar un momento - dijo con gentileza y continuo por el pasillo llevnadose a Samia con él. Un isntate despues regresaba con ella la entró con un halon a la habitación haciendo que dira un trás pies - disculpe tendré que cerrar la puerta un momento pero ya regreso - no esperó respuesta y cerró la puerta por fuera. Samia a penas si se volvió.
Volvió a suspirar y se sentó en sobre la mesa dejando que sus pies colgaran. En la tenue luz de las antorchas eramenos visibles y detallables sus rasgos, su cabello castaño, sus ojos cafes oscuros como pozos, su esbelta figura mal metida en un vestido que conoció epocas mejores muchos años atrás, sus manos delicadasque ya habían conocido lo que era el trabajo duro y sus rasgos cansados de una vida que no pidio.
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