Argris, Descripción
Guardian
Posted: Sep 8 2007, 06:45 PM


Cry for the Moon


Group: Guardián
Posts: 91
Member No.: 1
Joined: 20-July 07



En lo más alto de las montañas, el viento eterno que no conoce de inviernos y veranos sopla siempre frío, perenne y cortante, arrastrando consigo siempre la nieve y el hielo, agitando los escasos árboles que se atreven a sobrevivir por encima del blanco manto que cubre las laderas.

En aquellos silenciosos valles y colinas, habitados sólo por animales peligrosos y fieros, como osos y lobos que se disputaban la escasa caza existente a aquellas latitudes, una pareja de sombras se deslizaban por encima del blanco polar.

Los dragones no eran más que un mito.

En efecto; se decía que en Sellëssa, si uno se perdía en las distantes e impracticables montañas de Rankärag, se podían encontrar enormes sombras que volaban libres en mitad de las ventiscas, rodeando con sus enormes cuerpos las montañas que les servían de hogares; pero no eran más que leyendas, cuentos de viejas que los más jóvenes difícilmente podían tener por ciertos. No; aquellas criaturas más pequeñas, provistas cada una de dos pares de grandes alas membranosas que surgían de sus huesudos costados, no eran dragones. Volaban con sus garras prensiles extendidas hacia atrás, la cola larga y provista de un gran aguijón al final ondeando como un látigo, como un timón en vuelo. El gemido de sus alargados hocicos dentados se extendía con el ulular del viento, convirtiéndose en una pesadilla.

En Argris los llamaban los demonios de Drôhë, pues bien era sabido que todo tipo de criaturas extrañas y aberrantes proliferaban en el País de los Hechiceros. Aparecían en las fronteras y volaban hasta alcanzar las montañas. Surcaban los cielos y veían la tierra, de vez en cuando, quizá una vez a la semana. La gente pensaba que eran seres mágicos a los que era peligroso mirar. Por éso nunca habían visto a sus jinetes.

Argris se extendía bajo ellos como una alfombra blanca. Las colinas no tenían secretos para los agudos ojos de sus Wyvern; una y mil veces habían recorrido sus valles y sus alturas. Su altura las hacía estar cubiertas de nieve perpetua, aunque, en general, no se trataba de montañas muy elevadas ni muy agresivas, las más altas de las cuales se podían escalar casi sin problemas. Al barlovento de las montañas menos nevadas incluso se asomaban tímidamente cabañas de cazadores, incluso pequeñas aldeas de construcciones marrones de tejados teñidos de blanco. Recogían su sustento de la caza, y sus aguas de los ríos semicongelados que comenzaban un tortuoso curso de descenso hasta mezclarse entre todos ellos para formar el Sylgard. Las aguas de los manantiales de ésta tierra eran muy conocidas, y los manantiales rodeados de árboles, cuyas hojas a menudo se congelaban pareciendo que se trataba de árboles de cristal, eran sin duda muy hermosos.

Era una tierra que siempre acababan visitando, estuviese o no en la ruta que debían tomar. Sembraban a su paso, y lo sabían, miedo y temor. Pero no les importaba.

- Lady Izedh. - gritó por fin el hombre que, sosteniendo un largo arco, le servía de escolta. - ¿No va siendo hora de que volvamos?

El Wyvern de la comandante se giró un instante hacia el sol poniente. La tarde llegaba a su fin, y teñía las montañas de naranja. El humo que se escapaba de las chimeneas, abajo, indicaba que los cazadores ya estaban en casa. La noche daba comienzo.

Asintió con la cabeza, y realizó un breve picado para luego dar vuelta a su montura mientras remontaba el vuelo ahora con el hocico del animal mirando en dirección a Da'Kanath. Había pocos jinetes de Wyvern en el mundo; quizás sólo tres, o cuatro. Ella se consideraba la mejor.

- Volvamos. - respondió.
Top
0 User(s) are reading this topic (0 Guests and 0 Anonymous Users)
0 Members:


Topic Options




Hosted for free by InvisionFree (Terms of Use: Updated 7/7/05) | Powered by Invision Power Board v1.3 Final © 2003 IPS, Inc.
Page creation time: 0.0555 seconds | Archive
AFILIADOS