Llegada a tierra firme
| kaelae |
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escolta/assassin
  
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Aun estado atado de pies y manos seguía diciendo y proclamando que era inocente, a pesar de que lo habían descubierto en pleno acto.
¿Inocente?¿Cómo puede alguien defender su inocencia cuando le hallamos con las manos llenas de sangre?¿Cómo puede alguien ser tan... tan cabrón como para burlarse de un padre por la muerte de su hija?
La rabia se desplazaba a una velocidad de vértigo por el cuerpo de la joven, que tenia que refrenar sus impulsos sino quería matar hay mismo al pederasta.
Un nuevo puñetazo le rompió la nariz, la sangre que caía manchaba las botas de la guerrera, que seguía empeñada en sacarle toda la información posible, aunque luego el culpable dejase exhalar su ultimo hálito.
-Déjalo ya Kaelae, es imposible, no nos dirá nada – Le aconsejo el capitán del navío, a pesar de que sentía tanta rabia e impotencia como su amigo, el padre de la niña a la que hace solo unas horas habían encontrado degollada y violada en un camarote.
Se dio media vuelta cuando a sus espaldas comenzó a escuchar una risita, una risita que provoco que explotara por dentro, una risita que la hizo volver al culpable coger su daga y cortarle un dedo sin vacilar. Los gritos se escucharon hasta en la cubierta.
-Maldito despojo humano, sino quieres ver como tus dedos van cayendo uno a uno te recomiendo que empieces a hablar, y ya no tendré ningún tipo de paciencia – Dijo con rabia la interrogadora.
-Yo... no se nada – Contesto riéndose, refrenando las ganas que tenia de llorar y de gritar por la perdida de uno de sus dedos.
Aquel hombre era un ex pirata. Arrogante, pretencioso, pederasta y cruel. Especializado en espionaje. Esta fue la razón que le llevo a dejar los barcos por un empleo que se le daba mejor, y que le permitía ser mas rufián todavía.
Thiferet sonrió, actitud que desconcertó tanto a los presentes como al malhechor.
A escasos centímetros coloco la daga del ojo, asustándole.
-¿Q-que haces?- Balbuceo, aunque no veía capaz a la chica de sacarle el órgano de la vista. Se equivocaba.
Un enorme alarido provoco que los tripulantes del barco se asustaran, dándole rienda suelta a su imaginación, imaginando todo tipo de situaciones allí abajo.
-Kaelae le dará su merecido... - Sentencio uno de ellos.
En el camarote las caras eran de sorpresa, de asco, algunos incluso apartaron la vista, excepto la joven, que era ahora la que se reía estruendosamente.
Con toda la parsimonia del mundo le saco la daga, llevándose el ojo con ella que cayo al suelo lleno de sangre. Luego, mientras el ‘’valiente’’ se retorcía en la silla la joven aprovecho para observarlo con detenimiento, con la sonrisa aun en sus labios. Le miro a la cara y sin apartar su mirada centelleante de él piso con su bota el ojo, aplastándolo contra la superficie. Después guardo su daga en la funda, sin limpiarla, y subió a la cubierta, justo en el momento en el que el hombre comenzó a contar toda la verdad.
A veces tardan mas... otras menos, pero el miedo termina traicionándoles...
Con paso seguro y constante se acerco al timón.
Diviso a lo lejos el puerto... Por fin estaban llegando
Cuando la nave arribo los marineros colocaron la pasarela. La joven se tapo el rostro con su capucha negra, y emprendió la marcha, bajando ella primero. Por fin habían arribado en Sellëssa.
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| kaelae |
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Termino de beberse el poco agua que le quedaba mientras veía como la posadera le servia un poco de ron a una recién llegada, aunque apenas podía apreciarla bien ya que iba tapada con una capucha y una capa.
No le dio mayor importancia y volvió a clavar su vista en un ruidoso grupo de marineros, los cuales no parecían tener ninguna clase de modales. Uno de ellos opto por levantarse y acercarse hacia Kaelay, la cual no parecía muy contenta con la visita.
-Hola monada, ¿Quieres tomar algo? Yo te invito –El hombre aparentaba 25 años de edad. Su pelo era de color rojo y le caía por los hombros, era la primera vez que la muchacha veía a un chico con el pelo tan largo.
-Si, quiero aire – Contesto con desden a la vez que se llevaba una de sus manos a la pierna. En un principio el hombre cuando vio la tersa y bronceada piel de la chica se sonrojo, y sino termino dejando el suelo lleno de babas fue porque al cabo diviso lo que Kaelay en realidad quería dejarle ver, un puñal en cuyo mango había sangre seca.
Comenzó a palidecer, la joven por el contrario se encontraba mirando hacia el frente, con la mano apoyada en la mesa y su cabeza recostada en ella. No tenia intención de comenzar una disputa en la taberna, pero tampoco se sentía con fuerzas como para estar aguantando durante X minutos a un chico que le parecía tan interesante como una carrera de caracoles.
Algo rompió al poco tiempo la tranquilidad de la taberna, la gente comenzó a cuchichear en voz baja y hasta el marine se alejo de donde la joven se encontraba, retomando su antiguo sitio. Intrigada la joven de rubios cabellos giro la cabeza, viendo aparecer detrás de ella a un viejo conocido.
-Maestre de Hanford, es todo un placer para mi encontraros por aquí, ¿como os encontráis?- Su voz era grave y firme, aunque se dirigía hacia la chica de un modo sumamente respetuoso.
-Sir Wilfred… os he dicho infinidad de veces que no me llaméis así, y menos después de lo acontecido – Kaelay se giro y sonrió al recién llegado. Lo conocía desde hace tiempo. Anteriormente había sido uno de los grandes generales con los que contaba Hanford y su experiencia y pericia en el combate eran bastante conocidas
-Lo siento mi lady pero sabe perfectamente que para mi siempre sera la Maestre de Hanford! – Las facciones del ex – general parecieron volverse tristes por un momento. Al final termino optando por hacer la pregunta – Disculpe que me entrometa pero que ha sido de usted desde que ocurrió…aquello? – Cabizbaja se quedo la joven al escuchar aquella pregunta, recordando uno de los momentos mas dolorosos de su vida.
-Después de aquello y sin nuestro querido rey opte por irme de Handford, y… aquí me tienes, llendo de un sitio a otro sin un rumbo fijo. –
-Deberías de haber tomado el control del reino, eras la persona que mas se lo merecía, y seguramente la que mejor estuviese preparada para ello – Contesto totalmente convencido Wilfred.
-Te equivocas, la misión que yo realizaba era únicamente de escolta. Cierto es que llegue a tener bastante control en la mayoría de las instituciones, pero era el que necesitaba si quería proteger no solo de sus enemigos al rey, sino también de su propio reino. Y sinceramente, no me agradaba nada la idea de ser reina. A mi me gusta mas la acción – Dijo a su vez sonrientemente la joven - ¿Y que es de tu vida? Aun recuerdo aquellas épicas batallas que tuvimos juntos.
-¡Ahhh como olvidarlas! Te mantenías en un principio retirada de la batalla, planeando las estrategias, luego llegabas casi de improvisto con la caballería. Picaruela, si no hubiese sido por ti varias veces hubiese muerto. – Se rió estruendosamente. – Ahora mismo estoy batallando por intentar entrar a formar parte del ejército de Sellëssa.-
-pensé que te habías retirado-
-¡Eso pensaba yo! Pero tengo una mala espina… Ándate con ojo Kaelay, aquí las cosas no son a veces lo que parecen ser. Tengo que irme ya, sin darme cuenta se me ha ido el santo al cielo! Nos vemos Maestre de Handford-
- Hasta otra… - Se despidió la joven mientras sonreía al darse cuenta de que su viejo amigo nunca cambiaria en su manera de referirse a ella.
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