Syrdaé, Descripción
Guardian
Posted: Sep 7 2007, 03:30 AM


Cry for the Moon


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El estrecho sendero serpenteaba por entre los gruesos troncos de los árboles, algunos de ellos por momentos tan juntos los unos de los otros que sus hojas formaban un techo sólido que apenas dejaba pasar los rayos del Sol.

Atravesar el bosque resultaba un espectáculo a ratos un tanto tétrico. Los árboles se erigían a través de un terreno accidentado, casi montañoso, coronando colinas que a menudo terminaban en peñones, y creando una frondosa oscuridad en su interior cada vez que las faldas de dos o tres de ésos cerros formaban un pequeño valle. El irregular curso del río Negard, que se dividía y volvía a juntarse, formando en ocasiones meandros para los que no había otra definición mas allá de sinuosos, ayudaba a bañar una amplia cantidad de terreno que florecía, exhuberante, allá donde miraran.

El anciano se detuvo un momento, y alzó la vista.

- Recuérdame por qué estamos haciendo ésto. - murmuró.
- Otra vez. - resopló Hécate, que quizás por primera vez en todo el viaje se encontraba guiando el camino. - Porque tú has insistido en lo peligroso que es que siguiésemos la ruta imperial. Aquí al menos no pueden vernos desde las torres de guardia.
- Pero, ¿Qué te hace pensar que vamos en la dirección correcta?

En realidad no parecía nervioso. Miraba a su alrededor con relajada pasividad, mientras sorbía distraídamente de su pipa. Ambos conducían a sus caballos sosteniéndolos por el ronzal, aunque a veces se hacía difícil que pasaran por ciertos sitios.

- ¿Quieres confiar en mi? - se quejó ella.
- De acuerdo. - asintió. - Sólo permíteme recordarte la orientación tan precisa que hay que tener para hacer lo que estamos haciendo. Podríamos perdernos, ¿Sabes?
- Bueno, ¿Y qué? - se enfadó ella. - ¿Nos va a comer el lobo feroz?

Astraedh miró al cielo.

- No, quizás no el lobo. Pero no olvides dónde estamos.

No lo olvidaba. Las criaturas que había en Drôhë eran bastante famosas. De repente, se volvió dolorosamente consciente del peligro de perderse. Y se volvió hacia el anciano.

- ¿Qué significa éso?
- Significa que éste bosque está, nos guste o no, en Drôhë. Y éso es suficiente para pensar que los lobos podrían ser aquí el aperitivo de algún otro eslabón de la cadena alimenticia.
- ¿Por ejemplo?
- Pues todo lo que se te ocurra, empezando por trasgos. - murmuró el anciano. - No pareces entender que en Drôhë no hay leyes que prohíban los usos de la hechicería. Hay miles de hechiceros aquí, y crean miles de siervos para hacerles la colada y defender sus torres de las intrusiones que consideran sus paranoicas mentes. Cuando una de ésas creaciones falla, sea inteligente o no, peligrosa o no, la dejan escapar. ¿Adonde crees que se refugia la mayoría?

Hécate tragó saliva.

- Vamos, sígueme y deja de intentar meterme miedo. - le dijo mientras se volvía. - Sé lo que estoy haciendo, ¿De acuerdo?

Éso dijo, pero al cabo de un rato se sorprendió bastante. Atravesaba el estrecho hueco entre dos árboles, donde una claridad repentina le indicaba que había un claro; y se encontró suspendida en el aire al siguiente paso. Chilló; había un abismo de rocas afiladas bajo sus pies. Veía las aguas de un río a mucha distancia en vertical. Se acolgajó del ronzal de su caballo, tirando de la cabeza de éste con brusquedad y haciendo que el animal cabeceara violentamente mientras trataba de sujetarse. El anciano se adelantó rápidamente.

- "Sé lo que estoy haciendo". - repitió, sarcástico aunque preocupado. - ¿No te había dicho que el Syrdaé estaba cerca de un barranco?
- ¡No creí que estuviera tan al oeste! - se quejó. - ¡Ayúdame!

Una orden innecesaria, pues el anciano ya tiraba del ronzal con ambas manos, ayudado por el caballo que estaba más interesado que nadie en liberarse de ése peso adherido a su cuello. Cuando la hicieron subir, respiraba pesadamente. Tenía las ropas arañadas y sucias, y sangre en los diversos arañazos que la piedra le había causado. Se sentó entre los dos árboles, intentando recuperar el aliento.

- Maldito lugar traicionero. - masculló.
- Dicen que un terremoto levantó ésta pared hace ya muchos años. - le relató el anciano, asomándose por encima de su cabeza para mirar el vacío que se extendía frente a él. El bosque continuaba; había ramas entre las rocas, y al terminar la tremenda caída, en la otra orilla del río que serpenteaba al pie de la pared de roca, el bosque seguía como si nada. Podía ver la costa a unas cuantas leguas de distancia, al Este.

Hécate se puso de pié, al cabo de un instante. Aún jadeaba.

- Al menos ahora que sabemos dónde está el acantilado, será sencillo seguir, ¿Verdad?

El anciano se encogió de hombros.

- Tenemos que pasar por Da'Kanath para ir desde aquí a Nuarad. Claro que podemos hacerlo siguiendo el acantilado, pero los pasos están lejos al norte. Es una frontera bastante difícil, teniendo en cuenta que éste barranco se extiende casi hasta el centro del continente, y el bosque mucho mas allá. Aunque, al norte, no es tan difícil pasar.
- ¿Una frontera? - preguntó Hécate. De repente, se había fijado en un cachorro de ciervo, que les miraba a una distancia bastante prudente con sus enormes ojos almendrados.
- Éste muro es una frontera entre Nuarad y Drôhë. Como la frontera no está clara, se usa éste sitio como referencia.
- Ya entien...

Ambos se quedaron en silencio cuando una especie de lagarto con vaga forma homínida saltó de entre los árboles y, sin apenas un ruido, se llevó al ciervo. Unas gotas de sangre volaron, pero ya no había nada cuando cayeron al suelo.

Hécate y Astraedh se miraron.

- ¿Puedo sugerir que no estemos aquí cuando sea la hora de cenar? - dijo el anciano, señalando al cielo que ya comenzaba a adoptar los colores de la noche.
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