|
Nuarad despierta cuando el Sol lo hace.
La vida nocturna no está hecha para aquellos que siguen la doctrina de Numen. El alba es la hora correcta para ponerse en marcha; el momento en el que la ciudad, roto el silencio impenetrable de la oscuridad, cobra de nuevo vida como un cadáver que se levanta. Una, quizás dos horas después de que el sol se alce, el bullicio comienza. Las campanas anuncian la hora cuando los primeros rayos del Sol tiñen el horizonte de un añil cada vez más claro.
Cuando el alba llega, le acompaña el repiqueteo de unos cascos que se alejan camino arriba, perdiéndose en la ciudad.
Los clientes del Báculo Blanco que se levantan en sus habitaciones, y aquellos - no muchos - que llegan a la taberna con la primera luz del día, apenas advierten el cambio que se ha producido. El tabernero, acostumbrado a éstas cosas - después de todo, regenta una taberna - no se molesta en señalar el pergamino entintado recién clavado en una de las columnas que sostienen el edificio; después de todo, si a alguien interesa, ya lo leerá.
"Se requiere de grupo de personas que deseen emprender viaje", reza la tinta en el cartel. "Preguntar al tabernero. Buena recompensa. Discreción requerida.".
|