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Los ecos fuertes y graves de palabras desconocidas, arcaicas y profundas, que formulaban una oración solemne, retumbaron por cada cámara y cada sala hasta hacer vibrar casi imperceptiblemente el vino que había en la copa.
- ¿Hacen ésto a menudo? - preguntó Hécate cuando la oración se hubo detenido. - ¿El qué? ¿Rezar? - Astraedh levantó la copa de vino, probándolo. - Seis o siete veces al día. Estamos en un monasterio, ¿Recuerdas? Aquí la vida es dura. El vino es sólo para los invitados. - Ya veo.
Escucharon el tañer de las campanas. Incluso aquí, donde nadie podía oírlo, tocaban puntualmente, cada hora, cada cuarto.
- ¿Qué hace que elijan ésta vida? - preguntó la chica. - Fervor. Penitencia. Arrepentimiento. - Astraedh se encogió de hombros. - Necesitan expiar algo, y éste es el lugar perfecto para ello. O simplemente piensan que ésta vida es la correcta. Cada uno tiene sus propios motivos. - ¿Pero por qué aquí? - preguntó. - ¿Por qué no en Nuarad o en Archyntra? - Para los religiosos éste lugar tiene un significado muy especial. - contestó dándole otro sorbo al vino. - ¿Por qué si no iban a construir un edificio tan grande en un lugar tan remoto? No se si te has dado cuenta de que tiene al menos cuatro plantas. Y los recintos son inmensos. Verás; la Iglesia de Númen cree que su Dios volverá. Y creen que, si lo hace, enviará primero a sus ángeles. Y, ¿Adivinas donde casi todas las Escrituras concuerdan en que vendrán? - Entiendo. - lo entendía, de hecho. En las ruinas del cráter. - Es por éso por lo que existe éste lugar. No creo que ninguno de éstos amables señores disfrute viviendo en un lugar donde la capa de ceniza es tan densa que las ventanas se hacen para que no puedan ser abiertas. Es parte de la penitencia que se imponen a sí mismos. De ésta manera, sirven mejor a su Dios. - No crees que sirva de nada, ¿Verdad?
Astraedh rió, y se giró hasta encararse con ella.
- De nuevo, de nada importa lo que yo crea. Es la vida que han escogido. Aquí hay al menos cien monjes y monjas, sin contar a los naegis, ésos cabezas pintadas, esperando a que la profecía se cumpla. - ¿La profecía*?
El anciano suspiró, y acabó la copa de vino.
- Duérmete. No acogen a los viajeros durante demasiado tiempo, y mañana saldremos antes del alba, cuando el viento del Norte abra las nieblas de ceniza.
[Nota: Consultar "Introducción" (La sección de la Iglesia).]
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